La historia interminable
Este mundial de Alemania 2006 está siendo tan previsible que lo único que nos quedaba de aliciente e incertidumbre a los aficionados era la posibilidad de que España siguiera. No ha sido así. Fiel a su historia, la selección española ha sido incapaz de auparse al olimpo de los mejores equipos nacionales una vez´más. Hoy, a media tarde, estarán en sus casas todos los seleccionados y escucharemos los lamentos de la oportunidad perdida como una oración conocida.
España, a nivel de selecciones, es un equipo mediocre y del montón, que sólo levanta pasiones después de ganarle a Ucrania, Túnez y Arabia, un trío de oponentes que sirven más para acrecentar la depresión que para salir de ella. En cuanto el Mundial ha empezado de verdad para los nuestros, como diría Luis, Francia, con un equipo cargado de figuras y años, a punto de la jubilación la mayoría de sus componentes, se ha encargado de mandarnos al verdadero lugar que ocupamos en la historia de la copa del Mundo:el sillón para ver los partidos de cuartos, semifinales y final desde la televisión de casa, sin mayor aliciente de participación y como invitados a un festín de lujo que conocemos de oidas.
Nuestros seleccionados se encuentran entre los jugadores mejor pagados del mundo, forman parte de equipos que disputan las máximas competiciones a nivel europeo y nacional, formando parte del grupo de elegidos que compiten cada año por los títulos, pero cuando se agrupan en un equipo llamado *Selección Nacional* se ponen a la misma altura que Ghana, cuyo paso por el Mundial ha sido mucho más decente en cuanto a la dignidad de su actuación e igual que la nuestra en los resultados. A nivel de selecciones somos un equipo africano. Ese es nuestro nivel. Y, a veces, ni africano.
Si reconocemos lo que somos, fuera de esos ambientes ridículos de patrioterismo y de una euforia previa sin base alguna en los datos y la historia de nuestra selección, podremos empezar a resolver algunos de los muchos problemas pendientes. Por ejemplo, llamando a Guus Hiddink para que nos ponga al mismo nivel de Corea, es decir, llegar a una semifinal, aunque se les caiga la cara de vergüenza a nuestros millonarios asalariados por empezar de cero , como niños malos que no terminan de pasar curso y repiten y repiten sus pésimas calificaciones.
O admitir que nuestro nivel máximo para un Mundial es conseguir llegar a cuartos. Toda una meta. Como la gran Ucrania. O nuestra vecina Portugal, desde hoy, mi equipo en este Mundial tedioso.
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