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Inquietante arranque

Inquietante arranque madrid. Para empezar, todo igual, pero con los roles cambiados. Un año menos un día hace que la Liga se iniciaba con un Valencia-Betis a las diez en todos los relojes nocturnos de Mestalla, pero no es igual. Es el mismo partido el que le pega el pistoletazo de salida a la Liga, pero casi nada es igual a lo que pasaba aquel último sábado de agosto de 2005. Por lo pronto, el que acababa de signar su pase a Champions era el Betis y no el Valencia, mientras Joaquín era uno de los internacionales del Betis y, con permiso de Lopera, será a partir de hoy uno más de los del Valencia.

En fin que las cosas son parecidas, ciertamente parecidas en las formas, pero diametralmente opuestas en el fondo. Nada es verdad ni es mentira, sólo del color del cristal con que se mira y lo cierto es que en esta ocasión prima el naranja levantino sobre el verde andaluz, el optimismo juega de local para que el visitante acuda a la cita con el ánimo consternado por la forma en que se están manejando las cosas en esta pretemporada. Por los modos de este tiempo de laboratorio y también por el chaparrón de bajas que se le ha venido encima al paciente Jabo Irureta, o mejor, a ese Job Irureta así bautizado en un rapto de ingenio por un ingenioso.

Pero la cita pegaba un giro monumental ayer de mañana. Mientras en todas las tribunas se atestiguaba que Joaquín era valencianista, la cruda realidad desvelaba que de lo dicho hay muy poco. Que si flecos, que si gaitas, total que Joaquín se vio obligado a renunciar a su tarjeta de embarque matinal rumbo Manises para enfilar uno de sus automóviles hacia la Avenida de Italia, Los Bermejales, Sevilla. Ahí se hallan los potreros del Betis y ahí mataba el portuense la mañana a la espera de que Irureta diese la convocatoria para ir a Valencia.

No se dejó ver Joaquín, pero trabajó con ropa bética en el gimnasio del Betis para que, sobre el mediodía, se confirmasen los augurios de que por la noche compartiría habitación con el de siempre, con su amigo Juanito, en un hotel de Valencia, también el de siempre, el NH Center que hace de cuartel general bético en cada comparecencia del equipo en la capital del Turia. A todo esto, las horas volaban, en Valencia no salían de la estupefacción, Juan Soler clamaba en todas las emisoras contra lo que consideraba una flagrante falta de respeto.

Y es que pasa que a la misma hora que Jabo Irureta desvelaba que Joaquín era de la partida para Valencia, a setecientos kilómetros, en el lugar de autos, ciudad deportiva de Paterna, Quique Sánchez Flores mostraba lo mucho que le complacía que Joaquín ya fuese valencianista. "Es el jugador ideal para ese puesto y me congratulo que así sea". Y lo dijo de tal forma que cuando un compañero le decía que Joaquín había entrado en la convocatoria del Betis para jugar contra su Valencia, al sobrino de Lola Flores no le daba un síncope de puritito milagro.

Al final, surrealismo puro en una historia surrealista a más no poder. El Betis voló a Valencia sin Joaquín, aquí paz y después gloria mientras que a la misma hora que facturaba el Betis en los mostradores de Iberia, en un vuelo privado volaba Oliveira rumbo a Milán, como si el Betis estuviese sobrado de Oliveiras y Joaquines. En fin que una nueva situación rocambolesca de las muchas que ha protagonizado Manuel Ruiz de Lopera desde que arribase al fútbol allá cuando la Expo, hace ya casi una eternidad. Historia muy en consonancia con el personaje que mueve los hilos, Manuel Ruiz de Lopera y Ávalos por su madre, doña Encarnación, que Dios tenga en su gloria. Pero fútbol es fútbol y Jabo Irureta, cuando se pergeña esta crónica avant match no sabe si es de los suyos o de quién puñetas será cuando ese engominado asturiano de Bruselas apellidado Muñiz Fernández ordene la orden de salida cuando den las diez en todos los relojes a la luna incomparable de Valencia.

Jabo Irureta podría alinear esta noche en Mestalla a Doblas en la portería, línea defensiva mediante Óscar López, Juanito, Lembo o Nano y Romero, triple pivote medular con Rivera, Assunçao y Miguel Ángel para que Maldonado y Capi o Xisco ocupen las bandas y Dani sea el presunto estilete bético en el rodeo valencianista.

En el Valencia todo es euforia, pero el rumbo kafkiano que ayer tomaba la contratación de Joaquín puede motivar que Mestalla sea aún más hostil de lo que habitualmente es contra el Betis. Si siempre es un avispero el rodeo valencianista, esta noche puede ser un panal de abejas enfurecidas contra un Betis al que en toda España se vincula de forma indisoluble con la figura poco querida de Manuel Ruiz de Lopera y Ávalos por su madre, etc., etc., etc.

O sea que el fútbol aparece y que de lo que menos se habla es de fútbol. Se juega el primer asalto liguero y, coincidencias, de la vida, se anuncia para un año menos un día después del que le daba la orden de arranque al pasado curso. Aquella noche marcó Aimar, que hoy está en el Zaragoza, jugó Joaquín del Betis y ayer no se sabía de quién iba hacerlo, Serra era el que manejaba al vigente campeón de Copa, llegaba de triunfar en Mónaco y hoy sólo se sabe que el mallorquín está junto al Egeo nuevamente en Champions, que los roles viraron ciento ochenta grados y que lo que no cambió es que Lopera sigue siendo el que mueve los hilos de una marioneta triste llamada Real Betis Balompié.

LUIS CARLOS PERIS

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